La primera vez que hice un curso de Primeros Auxilios, cuando aún no
sabía ni que quería ser médico, entendí que este mundo era también el
mío. El profesor nos decía que “siempre había algo que hacer” y que para
ayudar en una situación crítica “solo hacen falta tu cabeza pensante y tus
manos”.
Cuando veía las noticias sobre chicos/as jóvenes que entraban en parada
cardiorrespiratoria en los campos de fútbol, me indignaba: la mayoría de
la gente actuaba bajo el efecto que Hollywood había dejado en sus
mentes, y nadie les había dicho que “solo hacía falta su cabeza pensante y
sus manos”. La falta de formación en primeros auxilios me hacía sentir tan
impotente, que me estimulaba la idea de enseñar a otros/as.
Con el paso de los años el “actuar” dejó de cobrar tanto protagonismo en
mi cabeza (aunque mi día a día en el hospital se basa en la actuación), y
entendí que también se podían salvar vidas con el “prevenir”. ¿Existe algo
más mágico que trabajar el 99% del tiempo para 7“prevenir” y estar
perfectamente preparado para “actuar” durante el 1% de situaciones
emergentes?
Hoy trato de repetirles a mis alumnas/os estos valores como si fueran un
mantra, para que no olviden la importancia de su figura mientras trabajan
en las piscinas, pero también fuera de ellas. Como a quien se le otorga un
don que sólo puede utilizar para hacer el bien (heroicidades aparte). El
don de quien sabe utilizar correctamente su cabeza pensante y sus manos.

Sergio B. López Morales
Médico y Profesor Colaborador de Auditórium Estudios

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